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REPORTAJE | 09 DE DICIEMBRE DE 2009
Ceferino Reato, autor de “Operación Traviata”
“Así mataron a Rucci”
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Su libro, que ya está en la cuarta edición, determinó un hecho poco usual en la Argentina: que un juez federal reabra una causa cerrada hace veinte años.
El operativo que terminó con la vida del entonces titular de la CGT y hombre incondicional de Juan Domingo Perón, fue presentado como libro novelado por este periodista entrerriano hace pocos meses y es un suceso editorial.


¿Esperaba el éxito editorial de Operación Traviata?
Yo creo que son varias causas. Las repercusiones son totalmente inesperadas tanto para mí como para la editorial. Yo creo que una de las causas fue que el conflicto entre el Gobierno y el campo habían deteriorado esa hegemonía que tenía el Gobierno, por lo menos en el plano discursivo, y posibilitó que entre los agujeros que dejaba el discurso kirchnerista se colara un libro como éste que va a contramano de la historia que reconstruyeron los Kirchner sobre los años 70, con un discurso que se arraiga en el pasado y se proyecta hacia el futuro. El discurso de los Kirchner se arraiga en una visión determinada de los 70, como herederos de esa juventud voluntariosa y virtuosa que fue obligada a alzarse en armas.

¿La mayoría de la clase media asocia a los Kirchner con el movimiento Montonero?
Ellos mismos se reivindican, más Cristina que Néstor, como fue su pertenencia en la JP que estaba hegemonizada por montoneros. Y cada tanto lo hacen y ellos se encargan de destacar. Ahora, cuando aparece el libro por primera vez, en septiembre de 2008, ya esa hegemonía que tenían los Kirchner en el discurso estaba deteriorada por el conflicto con el campo, que los dejó sin recursos. Néstor Kirchner, en el último discurso frente al Congreso antes de que el proyecto fuera rechazado por el voto no positivo de Cobos, se encarga de destacar rápidamente, como si fuera un continuo, la relación entre el campo, los comandos civiles del 45 y los grupos de tareas de la dictadura, como representantes de la maldad, mientras ellos como herederos de esa juventud maravillosa estaban en la bondad. Y este libro va a contramano de ese discurso porque muestra el asesinato cometido por esos jóvenes llenos de candor, de ingenuidad, de idealismo, según el discurso kirchnerista. Yo los muestro como grupo de personas bien intencionadas, pero que al mismo tiempo podían planificar la muerte, durante cuatro meses, de otro argentino, de otro peronista, en democracia y después del triunfo de Perón.

¿Ellos asumieron la responsabilidad de este crimen?
No. Los montoneros nunca reconocieron este asesinato en forma pública, más allá de un artículo que publicaron en la revista “Evita Montonera”, donde hacen un listado de personas que deben ser ejecutadas por la organización e incluyen a Rucci. Pero nunca lo reivindicaron porque, según mis fuentes, el motivo por el que matan a Rucci es para demostrarle a Perón que él no podía dejarlos a ellos fuera del Movimiento. Como veían que Perón se estaba corriendo a la derecha, ellos pensaron: “Así como la derecha nos apretó en Ezeiza, nosotros lo vamos a apretar matándole a su alfil”, que era Rucci. Miguel Bonasso, en su Diario de un clandestino, cuenta que Mario Firmenich le informa que habían sido ellos. Estaban en los preparativos para lanzar el diario Noticias, entonces Bonasso les dijo: “che, cómo afirmar esto que es como un asesinato mafioso”. Entonces nunca lo reivindicaron y menos ahora, porque con el tiempo comprobaron que fue un grave error.

Usted dice, concretamente, que les salió a contrapelo.
Claro, porque Perón no sólo no accedió a las demandas de Montoneros, sino que se endureció. A fines de ese mes de septiembre tuvo una reunión del Consejo Superior Peronista donde deciden emprender una lucha franca contra los que llamaban “los infiltrados”, por los Montoneros. Después el clima se endurece con la aparición de la Triple A. Los mismos grupos montoneros protestan y surgen las diferencias entre ellos. El detonante del asesinato de Rucci fue la formación de un grupo disidente de Montoneros, la JP Lealtad.

¿Cuánto tiempo pasó desde el asesinato de Rucci hasta que Perón los echa de la Plaza?
Eso fue el 25 de septiembre del 73 y los echa el 1º de mayo del 74. Tenemos siete meses.

Usted habrá leído de Pablo Giusani, Montoneros y la soberbia armada. No menciona, como usted sí lo hace, a un posible autor del asesinato.
Yo lo menciono a Roqué y no soy el primero en hacerlo, sino que ya había habido un libro de un ex montonero, José Amorin, que se llama Montoneros, la buena historia, que habla de Julio Roqué. El era un oficial de alto grado, ocupaba el puesto número 6 en la conducción nacional, era un cuadro militar avezado, ya había conducido el comando que mata al general Juan Carlos Sánchez, el militar de mayor grado muerto por una organización guerrillera. Roqué fue la persona que lo ejecutó. El combinaba la intelectualidad con el entrenamiento militar. Era un admirador del Che. Además venía de una familia conservadora cordobesa, pero él y sus hermanos se volcaron hacia el guevarismo y luego formaron las FAR, que más tarde se unió a Montoneros. Los Roqué y los Vaca Narvaja fueron familias con mucha presencia en la vida educativa y judicial de Córdoba y de la más alta aristocracia.

Entonces el único que lo admitió fue Bonasso.
Bueno, Bonaso lo que dice en varias ocasiones, en su libro y en la entrevista con el diario La Nación, claro que él no era de la cúpula montonera, que en lugar de haber matado a Rucci deberían haber matado a López Rega. Después lo han admitido a terceros, por ejemplo Horacio Mendizábal se lo dijo a Julio Bárbaro. Firmenich, en el libro La Voluntad de Caparrós y Anguita, señalan un almuerzo en el 74, organizado por Graciela Daleo, donde Firmenich admite que fue un error haberlo matado a Rucci.
¿Usted hace tiempo que pensaba en el caso Rucci como posible objeto de investigación?
Yo trabajaba en Brasil en la Agencia ANSA y volví a la Argentina para trabajar en Perfil que salía una vez por semana. Yo quería escribir un libro, hice uno sobre Lula, pero aquí la política exterior no interesa mucho. Quería hacer un libro sobre la historia de los 70 y me acordaba de los afiches sobre Rucci que veíamos cuando veníamos en septiembre con mi mujer a festejar el cumpleaños de ella en la Argentina. Me gustó ese mecanismo de comenzar un libro a partir de un hecho fuerte, un asesinato y después tratar de explicar la disputa.

¿Usted trabajó también en Clarín?
Sí.

Cambiando de tema. Usted nació en una ciudad pequeña, la capital avícola, Crespo. ¿Hasta qué edad vivió allí?
Yo siempre me he sentido muy crespense y entrerriano. Allá no trabajé nunca porque me dediqué a estudiar. Vuelvo cada tanto porque tengo parientes y amigos. Me gusta y lo disfruto mucho.

Hay una canción de César Isella y Armando Tejada Gómez, la “Canción de las simples cosas”, que dice: uno vuelve siempre a los viejos sitios donde vivió la vida…
Sí. Y hay otro de Atahualpa Yupanqui, donde habla de Rosario del Tala, que dice: me gusta el aire de ahí. Y a mí me gusta el aire de Crespo, me siento orgulloso de esa ciudad que son apenas 20 mil habitantes pero no hay pobreza, no hay desempleo, son muy trabajadores. Yo siempre lo atribuyo mucho a los alemanes y a los italianos. Ahí se ve la cultura de la fuerza para hacer cosas. Todos inmigrantes que llegaron pobres y crearon una ciudad maravillosa.

Pasemos a Perfil , cuando dejó de aparecer y Fontevecchia dijo que el diario había sido un error. Luego estuvo siete años sin aparecer. ¿Por qué vuelve si él admitió que había sido un error?
Yo en el 98 no estaba en la Argentina y nunca leí el diario Perfil. Después, en el 2005, cuando entré al Perfil de la segunda época, nos hicieron leer el diario del que Fontevecchia siempre había estado enamorado, pero a mí me parece que éste es mucho mejor que el del 98. Es mucho más moderno, práctico. El otro me pareció siempre un poco arrogante, demasiados textos, pretencioso, con aire de superioridad intelectual. En cambio éste me parece más arraigado a nosotros, más moderno, más vital.

¿En qué contribuyó usted en esta segunda época?
No creo que haya contribuido mucho porque al principio me dediqué a la sección internacional y ahora me dedico a las secciones más frías, soy editor jefe, que es un cargo de tercer nivel y tengo bajo mi responsabilidad algunas secciones que son las de Observadores, de Investigación, Domingo, Ideas.
En Perfil el número uno es Fontevecchia, el número dos es Claudio Gurmindo, después está el secretario general de Redacción, Edi Zunino, lo sigue un secretario de Redacción, Javier Calvo, a continuación hay dos prosecretarios y después hay seis editores jefes, entre los cuales estoy yo. Esto de hacer las secciones frías me ha permitido aprender mucho, porque siempre había hecho diario clásico y agencia. Esta experiencia me ha permitido una visión más integral del periodismo. Aprendí mucho en Perfil y espero haber contribuido en algo, no tanto como yo quisiera, pero uno nunca sabe cómo será en el futuro. Me gustan los diarios que están hechos y que uno puede agregarle un poquito, no más y eso me pasa con Perfil, que tiene presencia.

¿Usted cree que merecería mayor venta Perfil, dada la calidad que tiene?
Sí. Ahora la venta del domingo está entre 54 y 57 mil ejemplares y los sábados entre 23 y 25 mil. A mí me parece que el domingo vende muy bien.

Pero cuando salió vendía 80 mil ejemplares.
Era otro contexto. Recordemos que Perfil salió siendo el único diario crítico del Gobierno. Después fue cambiando La Nación y ahora Clarín. Entonces el segmento de diarios críticos está bastante abarrotado.

¿Usted estudió en Santa Fe?
No. Yo soy licenciado en Ciencia Política, egresado de la Universidad de El Salvador, en Buenos Aires y estudié periodismo en el Instituto Grafotécnico.

Gracias a su libro el juez reabrió la causa después de 35 años. ¿Conoce otro caso similar?
No. Pero tampoco sigo periodismo judicial. Al principio no le presté tanta atención, pero después, cuando hice la segunda edición me di cuenta que era importante. Y además, sigue abierta la causa. En abril hubo un hecho importante porque declaró un ex ministro de Gobierno del gobernador Bidegain, un abogado que se llama Manuel Urrisa que vive en La Plata, con lo cual me dio la impresión de que el juez estaba tratando de investigar si entre los matadores de Rucci y algunos funcionarios de Bidegain había alguna conexión. Es una causa que está lenta, pero se mueve. Hace poco citaron a Julio Bárbaro. Lo interesante es que se lleven adelante los juicios cuando el Gobierno está en funciones, no cuando ya se fueron.

El Gobierno recibió a la hija de Rucci.
Sí, pero tarde, cuando ya no había fotógrafos. La recibió Cristina porque Néstor llegó tarde, parece que él no estaba de acuerdo.

Vargas Llosa dice que su libro lo encandiló.
Sí. Yo lo vi en marzo, en Venezuela, en un congreso de liberales, y le hice una entrevista y me repitió eso. El libro se lo acercó un amigo y él dice que habría que hacer una película. Hace poco firmamos en la editorial la sesión de los derechos como una opción, y el director sería una persona muy joven, que se llama Cristian Barnard, que hizo dos películas pequeñas pero muy bien hechas, una se llama Regresados y la otra creo que 76-89-03. Barnard me dijo que como productor asociado lo ha convencido a José María Bonaindia. Pero temen que algunos actores no quieran participar, pero yo no creo que sea tan así.

¿Cuántos años estuvo en Brasil?
Estuve cuatro años en San Pablo.
Usted escribió Lula, la izquierda al diván. ¿Cuántos años han pasado?
Tres años.

Usted sabe que Brasil está de parabienes, con el Mundial de fútbol. Lula dice que en cinco años más van a ser la quinta potencia y como presidente tiene el 80 por ciento de popularidad. ¿Está bien ganado?
Yo creo que Lula es un político extraordinario. Que ha pasado todos los sufrimientos que una persona puede pasar. Pasó hambre, el padre lo abandonó de niño, luego con su madre lo fueron a buscar y lo encontraron al padre viviendo con una prima. Estudió hasta quinto grado. Trabajó en muchos oficios hasta que consiguió trabajo en una metalúrgica y a partir de ahí hace un curso de tornero. Tenía 16 años y la madre lo acompañaba. Se casó y la mujer muere en el primer parto junto al hijo por mala praxis. Estuvo mucho tiempo deprimido, se dedicó al alcohol. Llegó a la presidencia en un país muy elitista, donde los presidentes eran diplomados o militares.

Es el segundo obrero en el mundo que llega a presidente, después de Lech Walesa.
Sí. Es una persona extraordinaria en ese sentido. Es un tipo de izquierda, pero no marxista, nunca leyó a Marx, ni nada, porque no le gusta leer.
¿Es uno de los fundadores de PT?
Sí, es uno de los fundadores y como el PT tiene tres corrientes, Lula proviene de la corriente católica.

¿A Lula lo apoya la Iglesia contestataria?
Sí, lo apoya la Iglesia y más los sectores progresistas porque tenían un obispo, donde vivía Lula, que lo habían mandado para frenar a los comunistas. Un hermano de Lula era comunista, pero él nunca lo fue. Es un hombre de la Iglesia Católica. Al principio tenía un discurso de izquierda, pero enseguida se dio cuenta de que con eso no iba a ningún lado, tanto es así que en el 82, en su debut electoral como candidato a gobernador en San Pablo, sacó el 10 por ciento de los votos. El pensaba que con su liderazgo ganaría o saldría segundo y no fue así.

Llegó a la presidencia después de tres derrotas.
Claro. Su lema en el 82 era vote la lista tres, el resto es burgués. Después cambió.

Serra va a ser el próximo presidente. Cómo explica, después del éxito de Lula que gane el rival.
Yo creo que Lula ha hecho un buen gobierno, pero creo que está un poco sobrevendido en la Argentina. Primero, las encuestas en general son muy diferentes a las nuestras. En Brasil no está bien visto ser pesimista. Las encuestas las hacen cada seis meses y cuando le preguntan a la gente cómo fueron los seis meses anteriores responden negativamente y cuando la pregunta se refiere a los próximos seis meses, responden afirmativamente. También, cuando les preguntan por el presidente, gobernador o alcalde, siempre hay una opinión positiva. Lula, como cualquier otro presidente, siempre ha sido bien visto.

¿Pero no ocho años?
No, claro. Lula ha sido siempre bien visto. Ha sido un buen gobierno y acertó con el Plan Hambre Cero, que les garantiza un suplemento a las familias indigentes, que sin el Estado no comerían. Esos son 44 millones de personas, 11 millones de familias. Muchos indigentes pasaron a ser pobres. Los pobres en Brasil son el 50 por ciento. Tienen un peso fuerte, sin inflación, gran auge de consumo por la estabilidad económica. Y él ha hecho algo importante y es que Brasil no quebró, respetó los contratos, se benefició, en esta ola, con las reservas de petróleo.

Y su carisma.
Tiene un carisma impresionante. Según Enrique Cardoso, que es del partido opositor, cuando habla su candidato llegan al 33 por ciento del electorado, en cambio, cuando habla Lula lo entienden todos. Es un tipo que utiliza muy bien los medios, en vez de pelearse él los usa. Se lleva mal con la prensa escrita, que la lee sólo el 20 por ciento de la población y tiene un discurso que llega por la televisión y la radio. Hay que saber usar los medios, eso es inteligencia.

¿Por qué con la prensa escrita no se lleva bien?
Porque Lula unió, ese es su gran mérito, a la élite y a las clases bajas. La clase media no participa, se quejan de que pagan muchos impuestos y los diarios reflejan ese mal humor. Además Lula ha tenido en el gobierno muchos escándalos de corrupción y además el PT es un partido difícil, que tiene un discurso muy cerrado y que no simpatiza con todos. También hay mucha pobreza.

Porque el 20 por ciento concentra la riqueza. Hay mucha inequidad.
Claro. Además, grandes problemas como la salud y la educación siguen igual que antes. Para las clases medias los problemas más sensibles son seguridad, educación y salud.

¿Cuál es el diario de Brasil que más le gusta?
Folha de Sao Paulo. Es el más cosmopolita de todos.

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Entrerriano y doctoren Ciencia Política
Reato nació a 50 kilómetros al este de Paraná, en la ciudad de Crespo, denominada la capital avícola del país. Tiene 48 años y antes de ocupar el cargo de Editor de Perfil, en 2005, trabajó en la agencia italiana ANSA, en San Pablo, y luego en la sección Política de Clarín.
Es licenciado en Ciencia Política, egresado de la Universidad del Salvador. Editó anteriormente dos libros: “El gran botín, el negocio de gobernar la Capital” (1996) y “Lula, la izquierda al diván” (2006).
Acaba de firmar un contrato con una productora porteña que se encargará de filmar los argumentos de Operación Traviata. El rodaje comenzará en marzo próximo, el director es Cristian Barnard, que hizo dos películas pequeñas pero muy bien hechas, una se llama Regresados y la otra creo que 76-89-03.
CEFERINO REATO, AUTOR DE “OPERACION TRAVIATA”:
“AEDIA renovó sus autoridades”
“Respuesta a propaganda oficial sobre caducidad de Fibertel”
“La SIP también criticó los anuncios del Gobierno argentino”
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