La función esencial de los medios periodísticos es informar. Es decir, difundir las noticias que, cada vez en menor tiempo, dejarán de ser novedad. También deben ejercer control sobre los funcionarios, denunciar excesos, crear y orientar a la opinión pública.
Los medios operan en la función formativa de la sociedad trasmitiendo valores culturales, caudal de conocimientos, pautas de conducta y, a la vez, los avances de la ciencia y tecnología. Satisfacen, asimismo, las necesidades de distracción, evasión y diversión que tienen los seres humanos.
La prensa es, de alguna manera, el campo de batalla de todas las verdades. Sus actores, los periodistas, constituimos una tercera fuerza entre el gobierno y los ciudadanos, entre las acciones de los políticos y la falta de actividad organizada por parte del pueblo.
Los periodistas creamos el lenguaje de la comunicación. Pero esta fuerza sólo será significativa si es libre, independiente y responsable.
El hombre de prensa debe moverse en una suerte de tierra de nadie porque su misión es, precisamente, constituir un puente de conexión entre gobernantes y gobernados, de modo de asegurar el proceso de retroalimentación indispensable para la vida republicana y representativa. Esa es la misión esencial del periodista.
Nuestro mejor aliado es el público que nos alienta con su fidelidad. Si la Constitución consagra el derecho de prensa como una libertad estratégica, que el Estado no puede reglamentar, ¿con qué fundamento podría cercenarse al público el derecho de recibir toda la información?. El público debe decidir lo que quiere y lo que no acepta. El público, y solamente el público, puede hacerlo, pues constituye el motor fundamental de la dinámica de la comunicación.
Cualquier forma de control sobre los medios está destinada el fracaso. Por eso, debemos depositar la confianza de nuestra propia libertad en la conciencia pública.
Debemos prevenirnos, no obstante, contra los avances del Estado que, a veces, pretextando la defensa del derecho de prensa sólo persigue, en rigor, conculcarlo. Como bien ha dicho el último informe de la Comisión de Libertad de Prensa ante la Junta de Directores, hace pocas semanas, la libertad de prensa se dificulta con diarios empobrecidos. Pero, con diarios enriquecidos por el favor oficial la libertad de prensa directamente desaparece.
Más allá de la subsistencia de los medios tal como hoy los concebimos, debemos reivindicar la labor del periodista como servidor de los intereses generales y permanentes de la sociedad. Más allá de las vicisitudes empresariales y políticas, sorteando las cambiantes alternativas de las modas intelectuales o los caprichos sociales, siempre que haya un lector o un escucha habrá un periodista dispuesto a servirlo.
Así, visto en perspectiva, ser periodista hoy es, también y sobre todo, ser protagonista de un cambio social. En una economía basada en el conocimiento, como todo lo confirma, la cuestión política más importante no será la distribución de la riqueza, sino la participación en la información y en el saber. A ello debemos tender recordando que todo avance sobre la independencia económica de los medios –provenga de donde provenga- pone en riesgo el derecho del pueblo a informarse y, en consecuencia, desarrollarse a través de medios diferentes y diferenciados. |