• COMIDA DE ADEPA / Presidente de la Corte Suprema de Justicia

Los 45 años de ADEPA

Las dificultades y los avatares no han sido pocos en estos nueve lustros. El camino a recorrer tampoco será sencillo. ADEPA  supo ganarse un merecido prestigio en la defensa de las libertades de prensa y de expresión, pilares de toda sociedad libre.

Desde aquel 14 de diciembre de 1962, cuando un grupo de visionarios y experimentados hombres de prensa concretó la idea de conformar una institución que agrupara a las empresas editoras de los medios periodísticos de todo el territorio argentino, ADEPA tuvo como norte la defensa irrestricta de las libertades de prensa y de expresión, además de bregar por el derecho del pueblo a ser informado y por el libre acceso a las fuentes de información.

Por cierto, en un país que en estos nueve lustros sufrió varias graves crisis económicas –que dejaron en el camino a más de un emprendimiento- y en dos ocasiones el quiebre de su sistema constitucional -con la imposición de una férrea censura y  periodistas perseguidos, forzados al exilio o asesinados- sostener aquellos principios fundacionales no fue una tarea sencilla, ni tampoco exenta de riesgos. Incluso, en estos últimos 25 años de democracia hubo varias iniciativas gubernamentales –por suerte frustradas- tendientes a limitar o amordazar la labor de la prensa, como también querellas y acusaciones de funcionarios públicos contra medios y periodistas por el solo hecho de ejercer la profesión, es decir, informar. También otras acciones –más solapadas- para tratar de someter al periodismo, como la renuencia a brindar información, presiones y amenazas a editores o bien utilizar arbitrariamente los cuantiosos recursos de la publicidad oficial.

Es que desde sus inicios ADEPA también tuvo como premisa que los medios de comunicación no podían –ni debían- ser un apéndice de las autoridades de turno -como muchos funcionarios públicos lamentablemente aún hoy pretenden-, ni tampoco constituirse en un poder, aunque algunos despistados pregonen hasta el tedio que los periodistas son el cuarto poder; muy por el contrario, siempre se pugnó para que el periodismo fuera un contrapoder, o sea,  combatir los abusos del poder con la certera convicción de que la información es la mejor herramienta que se le puede brindar al ciudadano para controlar a sus gobernantes.
 En ese ideario, valiosa herencia que supieron transmitir a las nuevas generaciones de editores los fundadores de nuestra institución, ADEPA no dejó de pronunciarse ante episodios que ponían en riesgo la labor profesional. Fue así que se interesó por la suerte de aquellas empresas editoras o de periodistas amenazados o atacados por los poderes públicos, como también fue la primera institución que, en la convulsionada Semana Santa de 1987, salió con una declaración pública en defensa del orden constitucional.
 
“No fueron fáciles los primeros 20 años de ADEPA, ya que estuvieron signados por múltiples asonadas y golpes de Estado que dejaron profundas heridas en el cuerpo social de la República. Tampoco han sido fáciles los siguientes veinte, pero han transcurrido en el marco de la democracia, la que, recuperada en 1983, ha regido desde entonces, con todos sus atributos y todas sus imperfecciones”, recordaba el ex presidente de la entidad Guillermo Ignacio (Ecos Diarios) en un artículo publicado en la  edición especial de esta revista con motivo de los 40 años de vida de nuestra institución.
En aquel número aniversario, Claudio Escribano (La Nación), otro ex presidente de la entidad, también se refería a las serias dificultades que hubo que sortear. “Los primeros veinte años de ADEPA –destacaba- constituyeron un período de sobresaltos para la libertad de prensa, de persecuciones periódicas cuando no sistemáticas de periodistas y de empresas editoras. Los últimos veinte años han sido, en cambio, de libertad de prensa amplia, con las restricciones y dificultades propias de cualquier democracia, con la excepción única, tal vez, del crimen horrendo, ocurrido en enero de 1997, de José Luis Cabezas”.

Nuestra institución ha recorrido un largo y complejo camino en cuatro décadas y media de vida. Se podrá argüir que 45 años es apenas un instante en la historia de la humanidad, pero lo cierto es que este período se ha caracterizado –a nivel mundial- por un constante desarrollo científico-tecnológico que también repercute –a veces con la fuerza de un terremoto- en los medios gráficos. ADEPA nació cuando la televisión comenzaba a consolidarse como medio de comunicación masiva, lo que forzó el cierre de la mayoría de los diarios vespertinos y también grandes –y saludables- cambios en los matutinos para poder hacer frente a un competidor que, poco a poco, se “adueñó” de los hogares.
 
Hoy, con una entidad sin sobresaltos económicos ni financieros, cuyo prestigio ha traspasado las fronteras del país y que trabaja junto con otras destacadas instituciones para la capacitación de periodistas, el camino por delante  no presenta aquellos peligros y avatares que recordaban Ignacio y Escribano, pero sí otros desafíos -producto de la revolución digital y de los cambios de valores en la sociedad-  que debemos afrontar con las únicas armas que tenemos: la pluma, el papel, la verdad y la independencia editorial. Para ello, nada mejor que abrevar en la sapiencia de los fundadores de ADEPA. 

 

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